La revisión de los siete años
No significa que vaya a empezar tratamiento. Significa que se ve a tiempo si hay algo que conviene corregir mientras el hueso crece: mordidas cruzadas, falta de espacio, hábitos que están moviendo los dientes.
R&V Kids · Naranjo
Hay una edad en la que revisar la mordida de un niño cambia mucho el resto: alrededor de los siete años. A esa edad el hueso todavía está creciendo, y guiar ese crecimiento es mucho más sencillo que corregirlo cuando ya terminó.

Por qué acá
No significa que vaya a empezar tratamiento. Significa que se ve a tiempo si hay algo que conviene corregir mientras el hueso crece: mordidas cruzadas, falta de espacio, hábitos que están moviendo los dientes.
La Dra. María Amalia Cruz lleva la parte de odontopediatría y la Dra. Amaya Vásquez la de ortodoncia. Que estén en el mismo lugar hace que esa revisión pase sola, sin que nadie tenga que acordarse de pedirla aparte.
Cuando un problema de mordida se atiende mientras el hueso crece, el tratamiento posterior tiende a ser más simple. Dejarlo para los quince o los veinte años no lo hace imposible, pero sí más largo.
Bajando de Naranjo hacia la ruta a Palmares. Son unos 14 kilómetros.
50 metros Sur del Colegio Experimental Bilingüe de Palmares. Frente a restaurante VAROS Pizzería.
Cómo es la cita
A los siete años todavía se puede guiar cómo le están creciendo los maxilares a su hijo. Después ya solo queda corregir lo que creció, y eso es más largo y más caro.
Sin pastas ni moldes. Antes se juega un rato, para que llegue al escáner relajado; después la boca completa se levanta en minutos y el niño ve su propia dentadura en la pantalla, que le encanta.
La ortodoncista revisa espacio para los permanentes, mordida cruzada, paladar angosto y hábitos. Son cosas que a esta edad se corrigen guiando, no forzando.
Muchos niños de Naranjo salen sin tratamiento y con control en un año. Cuando sí toca, se empieza en el momento en que el hueso todavía ayuda.
Si se hace ortodoncia interceptiva, el seguimiento va acompañando el cambio de dientes. Son citas cortas, y de cada una sale con su sorpresa. La idea es llegar a la adolescencia con mucho menos que corregir.

Nuestra mascota
Decirle a un niño «abrí la boca» suele salir mal: suena a orden y muchas veces la aprieta más. Pedirle que abra grande como un lagarto deja de ser una instrucción y pasa a ser un juego. Abre solo.
Por eso lo escogimos. KuKo está en la camiseta, en el kit y en la consulta, así que cuando el chiquito llega ya lo conoce por su nombre.
Para el escaneo digital es clave: si el niño abre grande y se queda quieto unos segundos, la boca se levanta completa de una sola vez.
Quién lo atiende
Son dos especialistas, no una dentista general. Y están en la misma clínica, que es justamente la ventaja: la Dra. Amaya vigila cómo le está creciendo la mordida a su hijo y la Dra. Amalia le cuida la salud de los dientes. Usted no tiene que ir a dos lugares ni contar la historia dos veces.

Revisa la mordida
Ortodoncia · Invisalign® · Colegio de Dentistas 527715
Es la ortodoncista de la clínica y es quien revisa cómo le viene creciendo la mordida a su hijo. Desde los seis años hace la evaluación ortodóncica temprana con escaneo digital, sin pastas ni moldes, y le explica a usted qué se va a mover, en cuánto tiempo y por qué.
Conocer a la Dra. Amaya
Atiende a los niños
Odontopediatría · R&V Kids · Colegio de Dentistas 653023
Es especialista en Odontopediatría de la Universidad de Costa Rica. No es una dentista general que además ve niños: toda su formación es en atender chiquitos, y eso se nota en el tiempo que les da y en cómo les explica las cosas. Es empática, tranquila y siempre llega de buen humor, y por eso los niños se sienten cómodos con ella desde el primer momento.
Conocer a la Dra. AmaliaEsa revisión de los siete años la explicamos con calma en el artículo sobre ortodoncia interceptiva.
Y cuando el caso ya es de adolescente, se valora con alineadores transparentes en Naranjo.
Y si le interesa cómo trabajamos la prevención fuera de la clínica, lea el taller de salud dental en un preescolar.
Si su hijo anda por los siete u ocho años y nunca le han revisado la mordida, esa es la cita que conviene no dejar pasar.
También le puede servir
Dudas frecuentes
Se suele recomendar una primera revisión alrededor de los siete años. La mayoría de las veces la conclusión es esperar y observar, y eso también es información útil.
Es el tratamiento que se hace mientras el niño todavía está creciendo, para guiar el desarrollo de los maxilares y el espacio de los dientes en lugar de corregirlo todo después. Tenemos un artículo sobre el tema en el blog de la clínica.
No. No lleva pastas ni moldes: es una camarita que recorre la boca. Antes se juega un rato para que llegue relajado, y al final le queda una sorpresa. A muchos lo que más les gusta es verse los dientes en la pantalla.
Entre 20 y 25 minutos desde Naranjo centro, unos 14 kilómetros. Estamos en Palmares, 50 metros al sur del Colegio Experimental Bilingüe, frente al restaurante VAROS.
A veces sí los va a necesitar igual, pero por menos tiempo o para un caso más sencillo. La idea no es evitar el tratamiento a toda costa, sino que el que haga falta sea el más corto posible.
Sí, y es de las cosas que más se ven en consulta. Entre más tiempo se mantiene el hábito, más efecto tiene sobre la posición de los dientes y la forma del paladar. Por eso conviene revisarlo temprano.
Alrededor de los tres años conviene que ya lo haya dejado. Después de esa edad, el hábito empieza a empujar los dientes de adelante y a cambiar la forma del paladar, y eso sí deja huella.
Sí, y bastante. Un niño que respira por la boca de forma habitual suele desarrollar un paladar más angosto y problemas de mordida. Vale la pena revisarlo, porque a veces el origen está en las amígdalas o en las adenoides.
Es cuando la membrana que une la lengua al piso de la boca limita el movimiento. Puede afectar la lactancia, el habla y hasta la posición de los dientes. Si se detecta, se valora junto con los cirujanos de la clínica.
La Dra. Amaya le revisa la mordida con escaneo digital y le dice si hay que hacer algo o solo esperar. Muchos niños salen sin tratamiento.